Protección, sanidad y amor

Escritura: “No tengas miedo, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te daré fuerzas y te ayudaré.” —Isaías 41:10 

Devocional: La presencia de Dios es un lugar de protección. Esto no significa que nunca enfrentaremos peligros o dificultades, pero nos asegura que jamás los enfrentaremos solos. El pastor Kevin recordó el momento en que fue rodeado por una multitud enojada después de un accidente mortal en Uganda. Mientras el temor afectaba su cuerpo, declaró: “Paz”, invocó el nombre de Jesús y Dios envió ayuda. Al mismo tiempo, en casa, unos creyentes habían sido guiados por el Espíritu Santo a orar. El Señor ya estaba obrando antes de que ellos entendieran la razón.

Su presencia también es un lugar de sanidad. Algunas heridas llegan a una profundidad que las palabras no pueden alcanzar. En esos momentos, podemos recibir al Espíritu Santo y permitirle ministrar en los lugares quebrantados de nuestro interior. Dios puede traer sanidad a nuestro cuerpo, mente, recuerdos y emociones. Debemos recibir la ayuda apropiada cuando sea necesaria, pero nunca debemos olvidar que el Espíritu Santo es nuestro Consolador y Sanador.

Finalmente, Su presencia nos llena de amor. Cuando permanecemos cerca de Él, el prejuicio, la ofensa, el orgullo y la amargura comienzan a perder su dominio. El amor de Dios elimina la distancia entre las personas y nos permite ver a los demás a través de la compasión de Cristo. Su presencia no solamente nos consuela; también transforma la manera en que tratamos a quienes nos rodean.

Todo lo que necesitas se encuentra en Su presencia, y Su Espíritu vive dentro de ti. Tienes acceso a Su protección, sanidad, amor, paz, gozo, fortaleza y sabiduría. Camina con Él. Búscalo. Pídele. Adóralo. Cuando lo tienes completamente a Él, tienes todo lo que necesitas.

Oración: Padre, gracias por ser mi protector, mi sanador y mi fuente de amor perfecto. Ministra en cada lugar herido de mi interior y quita todo temor, amargura y ofensa. Lléname de Tu compasión para que Tu presencia pueda tocar a otros por medio de mi vida. En el nombre de Jesús, amén.

Desafío Práctico: Aparta quince minutos para adorar sin pedirle nada a Dios. Descansa en Su presencia y después demuestra intencionalmente Su amor a alguien que hoy necesite ánimo o un acto de bondad.